Ya decía en la entrada anterior que el escaparate, o la fachada de una tienda, es fundamental a la hora de atraer clientes. Y muchas veces pensar en ello agobia por no saber muy bien cómo plantearlo. Y es que en ocasiones los árboles no nos dejan ver el bosque, porque hay sencillos detalles que, sin generarnos un desembolso destacable, suponen ese punto diferenciador con los negocios colindantes.
Aquí os dejo algunos ejemplos:
¿Se las ponemos para llevar? No me digáis que esta bicicleta repleta de ensaimadas no es algo bonito junto a la pastelería que las vende.












