Durante la temporada de rebajas me llegué un día de tiendas y me enamoré de esta chaqueta. Tanto es así que decidí llevármela, porque además era la última. Bueno, pues hasta ahí bien.
El caso es que cuando la voy a pagar me doy cuenta de que le faltaba no de los broches. Miré la chaqueta pero no tenía ningún broche de repuesto, porque encima la gracia está en que van forrados de piel simulada. Le pregunté a la dependienta por si habían encontrado alguno y tampoco. También me miró para ver si había en otras tiendas esa misma chaqueta, pero nada, agotada, era la última. Y, ¿sabéis lo que pasó verdad? sí, me la compré.
Os confieso que normalmente sólo voy de compras en rebajas porque el resto del año me siento un poco timada. Si pueden poner las prendas a más de la mitad de su precio habitual obteniendo beneficios, ¿por qué nos cobran tanto el resto del año? En fin, ahí dejo mi reflexión personal.
A lo que iba, que sí, que al final me la compré pero claro, tal y como estaba no pensaba dejarla. Pregunté en la mercería pero me dijeron que no tenían broches forrados en piel, que eso me lo tendría que hacer a propósito un zapatero especializado. Fui y el zapatero en cuestión ya no estaba, así que decidí poner en marcha el plan B, que es el que ahora os cuento.